vie. Feb 22nd, 2019

El crédito a empresas y familias muerto el 35% en diez primaveras, pero más de la parte se destina aún a vivienda | Hacienda



Diez primaveras luego del estallido de la crisis financiera los agentes económicos privados han recompuesto sus balances y han conveniente su endeudamiento a las posibilidades de sus verdaderas fuerzas. Pueden dar por concluido el proceso de desapalancamiento, aunque la carga se ha desplazado en parte a los actores públicos, que han duplicado sobradamente sus pasivos. Sin confiscación, el destino de la financiación mantiene los mismos vicios que hace una decenio, pese a corregir sus dimensiones: si en 2008 más del 60% de los créditos al sector privado se dedicaban a financiar la vivienda y sus alrededores (servicios inmobiliarios, construcción, etc.), todavía ahora va a tal fin el 53% del comba de los préstamos, con un repunte incluso en el postrer año.

Por contra, la décimo de los créditos en actividades productivas puras se limita ahora al 34,98%, frente al 33,29% de hace, por ejemplo, cinco primaveras, o a menos del 30% en 2008. En definitiva: desde el punto de clarividencia de la financiación, el maniquí de crecimiento crematístico ha corregido notablemente sus excesos, pero sigue manteniendo un reparto eficaz desequilibradamente volcado en las actividades de construcción, comercialización y adquisición de la vivienda.

Para financiar actividades productivas los agentes económicos tienen ahora tomado crédito por valía de 549.891 millones de euros, una cantidad que no ha dejado de descender, aunque lo hace muy lentamente, según los datos aportados por el Bandada de España. Hay que rememorar que en 2008 superaba el billón de euros. Pero en esta cuantía están incluidas todas las actividades productivas, además la construcción y los servicios inmobiliarios, que absorben nadie menos que 125.400 millones de euros.

Excluidas estas dos partidas, que están en franco retroceso ambas, nada más 424.400 millones financian actividad productiva pura: 297.000 millones en actividades de servicios y 106.100 en la industria manufacturera; a la agricultura se dedica crédito por valía de 21.000 millones de euros. Todas estas partidas han descendido en los últimos diez primaveras (con la excepción de agricultura), y solo en estos momentos comienzan a estabilizarse.

El descenso de la inversión en la industria (exceptuada la construcción) ha sido intenso en el proceso de desapalancamiento de la riqueza, pero mucho más suave que en la construcción propiamente dicha. El crédito a la industria ha pasado de 148.000 millones en 2008 a 106.000 ahora; pero si entonces suponía el 14,93% de la inversión productiva (y el 8,05% del total del crédito a los sectores residentes privados), actualmente es ya el 19,3% del préstamo a actividad productiva (un 8,7% del total del crédito privado).

Actividad inmobiliaria

La construcción, por contra ha estrecho muy intensamente su décimo sobre ambas variables. Respecto al crédito a la actividad productiva, ha pasado de representar el 15,6% a suponer solo el 5,1%; ha descendido desde los 155.600 millones de euros a los 28.405. Y sobre el total del crédito tomado por los agentes residentes, ha pasado de suponer en 2008 el 8,4%, a solo el 2,34% ahora.

Los préstamos vivos para la actividad inmobiliaria (adquisición de casas, construcción, servicios inmobiliarios, etc.) superan aún los 642.000 millones de euros (el 53% del total, recuerden), mientras que en 2008 rebasaban 1,125 billones de euros (el 60,19% del total). La partida más abultada de este capítulo es la negocio de vivienda, que absorbe ahora 498.000 millones, el 77,6% del total. Su descenso es muy tranquilo, pero sostenido, puesto que la capacidad financiera de las familias excursión con mucha flema y está tocando ya los títulos de la estabilización.

Los servicios inmobiliarios, que ahora absorben 97.000 millones de crédito (el 17,63% del préstamo productivo adjunto), en 2008 llegaban a 313.000 millones, nadie menos que un 31,58%, duplicando la décimo de la industria y de la propia actividad constructora.

Crece con relativa fuerza, por contra, el crédito al consumo de fortuna duraderos, que casi se ha duplicado en los últimos cinco primaveras (de 25.900 millones ha pasado a 48.669), y acerca al punto de inflexión a la cartera de crédito de las personas físicas, que comienza de nuevo a crecer en términos absolutos. De hecho, ha experimentado ya un crecimiento muy baladí (del 0,1%) en los últimos meses, según los datos del Bandada de España, señal explícita de que el apalancamiento de los hogares prácticamente ha concluido.

La financiación de fortuna de consumo duradero no ha aprehendido, con todo, los títulos máximos que ya tenía en 2008, cuando estalló la crisis financiera: entonces marcaba ya un total de 57.725 millones, aunque descendió muy rápidamente hasta los mínimos de 2013, en los 25.900 millones.

El desapalancamiento

La financiación total viva a los sectores no financieros en España era en noviembre pasado de 2,771 billones de euros, prácticamente la misma cantidad que hace diez primaveras, con un baladí descenso de solo 50.000 millones (un 1,77%). Esta cambio es imputable casi de forma monopolio al avance de los capital utilizados por las administraciones públicas, puesto que las empresas y las familias han estrecho notablemente su apalancamiento. De hecho, como siempre en la resolución de las crisis financieras, una buena parte de las deudas privadas han pasado a tener consideración de públicas.

En concreto, el descenso de la deuda irresoluto de plazo de los sectores residentes a las entidades de crédito es ahora de 1,213 billones de euros (prácticamente una cantidad similar al producto interior bruto generado en 2018 por España), frente a 1,869 billones de euros en 2008. El descenso es de unos 650.000 millones de euros, nadie menos que un 35% del comba de crédito vivo tomado por los agentes privados en el momento de prorrumpir la crisis financiera. De esa cantidad, 588.000 millones corresponden a deuda de empresas y hogares con las entidades financieras. El esfuerzo de desapalancamiento ha sido espectacular, pues se ha pasado de una deuda del 170% del PIB al 100%, con un esfuerzo más intenso en las empresas que en los hogares.

Estos han rematado acortar su deuda expresada en contratos de crédito con las entidades financieras desde los 912.990 millones en 2008 (noviembre, cuanto tocó techo) hasta 704.277 millones; es un descenso de 208.713 millones de euros, el 22,8% del apto al proceder la gran recesión. El Bandada de España eleva el pasivo de los hogares a 780.000 millones, al contabilizar otros pasivos por 66.600 millones.

En cuanto a las empresas no financieras, han cerrado 2018 con una financiación viva de 881.408 millones de euros, con un repunte ya consistente (más del 1%) en los tres últimos meses. Sobre la deuda irresoluto en 2008, que llegaba a 1,261 billones, han registrado un descenso de 380.000 millones, un 30,1%, casi uno de cada tres euros. Expresado en porcentaje sobre PIB, han pasado en diez primaveras de un apalancamiento del 113% al 72%.

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